La prueba de estabilidad evalúa cómo se comporta un producto cosmético a lo largo del tiempo bajo diversas condiciones de temperatura. En cambio, la prueba de compatibilidad se centra en la relación entre la formulación del producto y sus materiales de envase, incluidas las interacciones químicas (p. ej., cesión de sustancias, absorción), los cambios físicos (p. ej., deformación, decoloración) y la integridad funcional (p. ej., obstrucción de la bomba, fallo del cierre). Garantiza que no migren sustancias perjudiciales del envase al producto y que el envase no afecte negativamente a la calidad, la seguridad o el rendimiento del producto.